Todas las relaciones requieren esfuerzo si queremos que funcionen y las que mantenemos con marcas, nuestros centros de trabajo o la propia comunidad que nos rodea no son una excepción. En un principio, estas relaciones eran estrictamente transaccionales. “Si trabajo de 9 a 5, me pagarán, voy a las tiendas y compro comida o ropa, etc”. Luego, las marcas se dieron cuenta de que la rentabilidad radicaba en convencer a las personas de que compraran más de una prenda de vestir al año, y los empleadores entendieron que sus empleados tenían mucho más potencial para la innovación y el desarrollo cuando se sentían motivados para ir más allá de las expectativas básicas de 9-5. Fomentar la conexión o percepción que las personas tenían de una marca, empresa u organización se volvió mucho más beneficioso para promover una mayor participación o rendimiento.

Sin embargo, hoy en día existen innumerables opciones, distracciones, recomendaciones e información a disposición de la gente que han provocado un cambio en sus expectativas. Alentar el engagement desde una visión transaccional ya no es suficiente. Las audiencias necesitan motivaciones más empáticas, auténticas y relevantes por parte de las comunicaciones de las marcas para ganarse su confianza y fidelidad, teniendo en cuenta que el consumidor tiene muchas opciones a su disposición y no va a aceptar una mala experiencia.

Para destacar y sobrevivir realmente a los flujos y reflujos, la clave está en crear un compromiso sostenible, reacciones sostenibles y participación sostenible, ya sea para atraer clientes, incentivar a los empleados o motivar a los ciudadanos. Experiencias que crean un vínculo emocional positivo y duradero y éste lleva a las personas a volver, confiar, comprometerse y actuar.

Por ejemplo, la clave para mantener el compromiso del cliente, como ocurre con el compromiso de los empleados o el de la ciudadanía, es ponerlo en el centro de la experiencia. Dada la cantidad de información y datos de los clientes que se recopilan hoy en día, es justo esperar que las marcas devuelvan la confianza que el consumidor deposita en ellas utilizando este conocimiento para crear más valor en sus experiencias, contactos e interacciones cotidianas. Proporcione gratificaciones significativas por el apoyo, perseverancia y fidelidad del cliente cuando le hagan sentir bien y no solo una vez que han gastado dinero. Ofrezca experiencias omnicanal que le demuestren personalización y relevancia y cómo los valores de las marcas se alinean con lo que es importante para el consumidor. Así, contribuye a una conexión emocional más profunda y a una mayor probabilidad de participación y rentabilidad sostenible para la empresa. Como reflejo de un mundo donde las expectativas están cambiando, alrededor del 71% de los consumidores de media consideran importante que las marcas defiendan valores con los que ellos se sienten emocionalmente vinculados.

En el lugar de trabajo, los retos pueden parecer diferentes, pero el enfoque centrado en la persona para mantener el compromiso no cambia. Según Gallup, hasta el 85% de los empleados no están comprometidos con el trabajo. El Employee Engagement ha tenido diferentes acepciones a lo largo del tiempo, desde utilizar mesas de ping-pong, los típicos desayunos en la oficina o la cerveza de los viernes después del trabajo, hasta las encuestas de empleados o la renovación de espacios con diseño biofílico. Todos ellos pasos positivos en la dirección correcta para fomentar comunidades y hacer del lugar de trabajo un sitio positivo al que pertenecer. Pero podríamos decir que esto no es significativo, no genera realmente engagement y en definitiva no es sostenible, duradero. Clasificamos estos gestos como “inyecciones de adrenalina” que funcionan para estimular temporalmente las buenas sensaciones, pero al igual que un subidón de azúcar, pueden provocar después un contratiempo. Parecería una idea avanzada y generosa, pero suele ser una reacción instintiva mal planificada que no aborda los problemas más profundos que pueden estar afectando los sentimientos de los empleados o por los que puede haber un bajo nivel de compromiso. El ping-pong no animará a los empleados a hacer un esfuerzo extra al final de cada mes ni les ayudará a comprender los objetivos colectivos de la empresa. Sin embargo, las experiencias sostenibles apoyan su forma de trabajar, abordan los problemas que los empleados han planteado en las encuestas, hacen que los procesos sean más fáciles de asumir y que los empleados sientan que se han tomado el tiempo necesario para ver qué los ralentiza o provoca una desconexión.

Lo que todo compromiso o engagement sostenible comparte en su núcleo es la necesidad de crear experiencias centradas en los usuarios que sean para ellos significativas y valiosas. Deben sentir que los comprenden, confían en ellos, los escuchan y que cualquier tipo de recompensa, ya sea intrínseca o extrínseca, están hechas a medida de sus deseos y necesidades específicas, y no son algo genérico. Lograr el equilibrio correcto no es fácil; requiere una comprensión profunda del individuo que está en el centro de la experiencia, así como de la forma de realizarla. Tampoco es una solución única para todos. El compromiso se debe ver como una estrategia a largo plazo en lugar de como una sola y rápida novedad si desea cumplir los objetivos empresariales y cambiar los comportamientos.Se puede llevar a cabo un cambio sustancial y sostenible que se vea y se sienta innovador por todos los involucrados sin apartarse de los objetivos de la empresa, pero que aborde fundamentalmente lo que sus empleados le están diciendo.

Pero una vez que haya resuelto la ecuación, que la rueda ha encajado, seguirá girando de manera sostenible para llegar a donde queramos ir.

 

Este post he sido elaborado en colaboración con Epion y publicado en su blog