Las estrategias sobre formación y el desarrollo (L&D) están en constante evolución en consonancia con los cambios que surgen en las herramientas disponibles y con nuestras propias expectativas. Antes de los acontecimientos vividos este año los educadores y profesionales del conocimiento se sentían más capaces de controlar estos cambios, influir y crecer con ellos. El 94% de profesionales dedicados a la formación admiten que han tenido que modificar sus planteamientos de aprendizaje y desarrollo en respuesta a la pandemia COVID-19, y un 59% piensa que la formación digital adoptada por su organización era inmadura en comparación con el mercado. Crear cursos educativos o informativos en la época digital ha tenido sus ventajas durante mucho tiempo; las herramientas y plataformas tecnológicas han abierto muchas puertas para poder compartir información inmediata e internacionalmente, para crear materiales más dinámicos y construir diferentes caminos para que los estudiantes puedan adaptarse a sus propios enfoques y necesidades.

Pero la formación y desarrollo profesional abarcan un ámbito enorme y dependiendo de su perspectiva, sin duda se enfrentará hoy en día a infinidad de desafíos diferentes, pero igualmente complejos. Tal vez el más grande para todos sea cómo atraer a su audiencia, una audiencia a la que ahora se tiene que acceder principalmente a través de una pantalla. La presión está en mantener los materiales relevantes e interesantes pero que sean fáciles de digerir, que los estudiantes pueden aprender con ellos y aplicarlos en su vida cotidiana una vez cierran sus portátiles.

Durante un tiempo, los responsables de L&D han necesitado ser más creativos en la forma en que llegan a sus audiencias, que están cada vez más agobiados, distraídos e insatisfechos en su relación con el aprendizaje. La Generación Z de usuarios de smartphone desbloquean sus móviles cerca de 79 veces al día. Los trabajadores de oficinas son interrumpidos cada 11 minutos. Sólo el 26% de los empleados sienten que aprenden o hacen algo interesante cada día. Pero en realidad sería un error considerar estas distracciones y retos como obstáculos para el proceso de aprendizaje. Los de la generación Z están hiperconectados, pero también son una generación increíblemente apasionada y consciente. Puede ser que los empleados de oficina no tengan mucho tiempo durante el día, pero se ha demostrado que una pequeña formación mejora e incrementa un 20% la retención de conocimientos. Las circunstancias de los últimos meses, aunque inicialmente nos dejaran en shock, podrían convertirse en una llamada de atención para que las escuelas, organizaciones y empresas mejoren su oferta para el estudiante, empleado o aprendiz remoto, con el fin de conseguir que los usuarios actuales logren lo que desean con la experiencia. Todos buscamos una buena oportunidad para atraer de nuevo a las audiencias, fomentar el compromiso hacia los cursos y mejorar los ratios de transferencia de aprendizaje.

Sigue los posts en cadena sobre este tema que publicaremos las próximas semanas donde exploraremos el estado actual de las tendencias de formación y desarrollo, analizando experiencias, planteando innovación y mirando hacia el futuro en 3 áreas distintas: educación en el aula, formación universitaria, y L&D en el lugar de trabajo.

 

El futuro del trabajo ha sido un tema clave durante varios años. Las tecnologías emergentes, las jóvenes generaciones de empleados, los valores y rutinas cambiantes han influido en las predicciones venideras sobre cómo se verá el mundo de trabajo en 2025, 2030 o 2050. Las circunstancias de los últimos meses han traído una serie de nuevas posibilidades e implicaciones. Todos los sectores se enfrentan a desafíos que responden y se recuperan de las consecuencias de COVID-19. El futuro en general, por no hablar del futuro del trabajo o del lugar de trabajo, se percibe ahora quizá poco definido. Sin embargo, no sería la primera vez que una fuerza imprevista cambia el curso del desarrollo económico. En esencia, al mirar al futuro, siempre hay un algo desconocido, impredecible. Un salto hacia nuevos desafíos, obstáculos y oportunidades.

De igual manera, el Engagement de los empleados es un tema indefinido para muchos. Significa cosas distintas para personas diferentes, pero podemos definirlo como el resultado de un apego emocional o psicológico entre los empleados, su trabajo y su organización. Fundamental para la definición es que esta relación debe mantenerse auténticamente recíproca – los empleados se comprometen y contribuyen, las organizaciones apoyan y facultan a sus empleados. Existen varias teorías acerca de cómo se promoverá el compromiso de los empleados en el futuro. Muchas veces se centran en las ofertas y beneficios de una organización; políticas de trabajo flexible, vacaciones ilimitadas, entrenamiento personal, bienestar…, la lista podría ser enorme. Todas son válidas y merecen consideración, pero hablamos de que el Engagement del futuro tendrá que ser:

  • Impulsado por la tecnología: hoy en día la tecnología puede proporcionar posibilidades ilimitadas para captar y atraer a audiencias amplias y variadas.
  • Centrado en el empleado: empoderar a los empleados para que quieran rendir al máximo de sus capacidades, puesto que les hace sentir bien y avivar el éxito empresarial
  • Significativo: un nuevo software por sí solo no será suficiente en una era de cambios constantes, distracciones, innovación y para una fuerza laboral con necesidades y expectativas cambiantes. El verdadero Engagement viene de enfoques personalizados, relevantes y basados en la ciencia.

En el presente, las empresas están reevaluando estrategias, prioridades y objetivos para hacer frente a una incertidumbre inmediata. Un remedio para navegar en estos tiempos y prepararse para el futuro son las perspectivas y soluciones que animan a las personas a hacer un esfuerzo adicional, lograr una mayor productividad, desarrollar embajadores de marca y ofrecer aún mejores experiencias de cliente. Y eso requiere un compromiso auténtico y sostenible para obtener lo mejor de su gente y negocio.

La tecnología: ¿amiga o enemiga

Antes del COVID-19 ha habido siempre preocupaciones sobre al auge de la automatización, haciéndose eco de cada salto significativo en las capacidades de la tecnología desde la Revolución Industrial. Y podríamos decir que siempre tenemos esa relación amor-odio con la tecnología. La misma adicción a nuestros móviles, es lo que nos ha ayudado mantenernos en contacto con nuestros seres queridos durante el confinamiento. La flexibilidad e inmediatez de nuestro software y herramientas digitales han conseguido que la colaboración y la comunicación no sufriera demasiado mientras se aplicaba el teletrabajo. Por supuesto para muchos no ha sido tan simple, pero lo esencial es que la tecnología es un facilitador que ayuda a potenciar nuestra creatividad individual, curiosidad, y contribución.

Pero es solo eso: un vehículo, un canal, una plataforma, para que trabajemos y mejoremos. Si miramos al pasado, en los últimos 100 años, hemos aprendido que detrás de cada nueva irrupción tecnológica o de ingeniería son los humanos que impulsan y conducen ese cambio. Es posible que hayamos tenido miedo a los efectos de la automatización o de la IA (o quizá digamos mejor, a los cambios que traerían en los puestos de trabajo y los mercados) y a como reemplazarían a las personas pero debemos recordar que estos desarrollos son para que los adoptemos y apliquemos de manera que mejore el mundo que nos rodea. Seguimos necesitando innovadores, operadores, técnicos y creativos para apoyar, mantener, entender, y optimizar cualquiera que sea la última tendencia. La tecnología no es la única solución, ni es el final del viaje. Es lo que podemos utilizar para abordar nuestros problemas cotidianos, y para crear soluciones para los problemas humanos, no se puede eliminar el elemento humano.

Entender a la gente, desatar el potencial

Las predicciones sobre trabajo en el futuro hablan muchas veces de cómo las personas van a hacer su trabajo (por ejemplo, vídeo llamadas a través de auriculares VR) o desde dónde (desde la playa), pero hablar de por qué trabajarán es igualmente importante.

Informe de Gallup (State of the Global Workforce, 2017)​

Según el informe de Gallup (State of the Global Workforce, 2017), 2/3 de los trabajadores en el mundo no están comprometidos en el trabajo, lo significa que están dedicando tiempo, pero poco esfuerzo extra. ¿Por qué es importante? Esa falta de Engagement (lo que en inglés es “employee has turned up but is tuned out” y podríamos decir como “empleado sintonizado, pero desafinado) genera una brecha de productividad significativa que se estima está valorada en millones de euros.

¿Cuántas veces oímos a las organizaciones afirmar que su gente es su mayor activo? Las empresas deben aprender a entender, empatizar y responder a las necesidades e impulsos de los empleados si quieren cerrar ese costoso vacío de productividad. Las compañías con altos niveles de empatía generan un 50% más de beneficios, y más del 70% de los empleados se plantearía dejar su empresa actual si mostrara menos empatía. Cada generación que se incorpora al mundo laboral (y simultáneamente al mercado como consumidores) llega con sus propias expectativas y valores, formados por sus experiencias y las experiencias de la generación anterior. Decir nuevas generaciones y necesidades no se traduce en personas que lo quieren todo, y no quieren trabajar. Al reevaluar las prioridades, las personas buscan organizar su vida de una manera que les permita trabajar aportando sus mejores capacidades, disfrutar de tiempo con su familia y amigos dando lo mejor de sí mismos, mantenerse saludables lo mejor que puedan y así sucesivamente. Las organizaciones necesitan entender lo que los empleados necesitan del trabajo, identificar y explicar lo que como empresa necesitan para alcanzar el éxito, y hacer que las experiencias subsiguientes sean manejables, eficientes, y memorables para fomentar el compromiso, la participación, la productividad que conllevará a una más alta rentabilidad. Aquí, las empresas tienen una excelente oportunidad para proporcionar soluciones que permitan la satisfacción de su gente, y que aprovechen y apoyen sus necesidades y motivaciones, para desbloquear esa brecha de Engagement.

Empatizar, motivar, comprometerse

Entonces, ¿cómo es el camino hacia el futuro del trabajo, el futuro del Engagement? ¿Cómo llegamos allí? Como hemos visto, no nos llevará a todos necesariamente a trabajar desde casa, ni el trabajo de muchos será reemplazado por la IA, pero la tecnología puede tener un poderoso papel que desempeñar proporcionando una plataforma para el cambio.

Experiencias atractivas: En muchas ocasiones, las organizaciones saben que quieren mejorar la participación de los empleados en su lugar de trabajo, pero no saben cómo ni por dónde empezar. A menudo, el panorama general se puede mejorar identificando temas o áreas más pequeñas en las que impactar a través del cambio. Las herramientas que ayudan a desglosar las tareas y la recompensa por cada objetivo alcanzado parecen simples, pero en realidad ayudan a construir la autoestima y resaltar el valor del papel de un empleado. Las aplicaciones que identifican objetivos diarios, reconocen logros o fortalecen a los participantes en todo momento, pueden mostrar cómo a escala individual y como parte de un equipo contribuyen a impulsar la organización hacia sus metas.

Por ejemplo, las experiencias inmersivas y continuadas que requieren trabajo en equipo o refuerzan e incorporan valores corporativos pueden ayudar a dar vida a aspiraciones intangibles para que todos se relacionen y trabajen en la representación. Los empleados pueden aprender a identificar los comportamientos deseados e identificar cómo pueden incorporarlos en sus tareas o interacciones diarias.

RAMP: La motivación intrínseca (un estímulo desde dentro, y no por recompensas externas) es de donde viene el compromiso o engagement auténtico y duradero. Las empresas necesitan entender mejor lo que motiva a sus trabajadores y responder en consecuencia, con procesos y enfoques que apliquen esta perspectiva. El modelo RAMP se basa en la teoría de la autodeterminación, y es en lo que a menudo nos basamos para analizar los retos a través de diferentes lentes, y para empatizar con diferentes grupos de usuarios. RAMP significa Relación social, Autonomía, Progreso y Propósito. La relación aprovecha nuestro deseo innato de estar conectado con los demás, la autonomía, la necesidad de tener elección y libertad. El progreso es una necesidad de mejorar, sentir superación y logro. El propósito se puede describir como la “razón” por la que hacemos las cosas. Los cambios y mejoras que se realizan en los procesos, las prácticas y la cultura, fluyen y contribuyen a aumentar la motivación de los empleados en estas áreas, como se ve en el diagrama anterior.

Por ejemplo, consideremos los desafíos en torno a “volver a la oficina” después del Covid-19. Las plataformas de ideas pueden ayudar a los empleados a expresar soluciones y ayudarles a sentir que sus preocupaciones se tienen en cuenta. Los sistemas de Onboarding con tours virtuales de oficina o espacio de trabajo actualizados con los que los empleados pueden interactuar, ayudan a introducir a los empleados de forma remota, eliminando el elemento de “sorpresa” o confusión antes de llegar. Esto significa que las personas se sentirán equipadas y listas para lo que les espera. Ambos pueden ser prácticas para el futuro, no solo durante el COVID-19.

¿Adónde vamos ahora?

Volviendo hacia atrás otra vez, a los efectos recientes del COVID-19, lo primero que han perdido las personas durante las diferentes etapas de confinamiento y bloqueo es la interacción humana. Esto por sí solo ya sugiere que no nos trasladaremos a una burbuja tecnológica. Los empleados remotos han comentado lo mucho que han echado de menos los momentos de colaboración espontáneos que surgen al estar en la oficina, o los aspectos de socialización que son difíciles de replicar a través de ‘Zoom’ o ‘Teams’. A pesar de que muchos han demostrado que el trabajo a distancia funciona, el lugar de trabajo del futuro seguirá incluyendo elementos sociales y en persona.

Lo único coherente es que la gente continuará siendo una parte fundamental de todo esto, independientemente del panorama económico o de los avances tecnológicos. El futuro del trabajo puede no estar escrito todavía, pero es una certeza que la gente seguirá estando en el centro. Las personas no son reemplazables, y la IA por sí sola no puede alimentar un negocio. La motivación, la colaboración y la creatividad de las personas lo harán. Si las personas son el mayor activo de las organizaciones, tenemos que asegurarnos de que se sientan así, máxime cuando las empresas quieren salir de estos tiempos inciertos con una posición mucho más fuerte.