Un amigo se burló de mí hace unos días cuando estábamos planeando una escapada de fin de semana. A los pocos segundos de decidir la ciudad, empecé ‘la lista’. “Intenta incluir algún sitio ‘divertido’ entre las 11 a.m. y las 11 p.m.”, me escribieron.

“La lista” es donde -lo has adivinado- apunto las cosas clave para ver, visitar, comer en cualquier destino al que me dirija. Ha empezado a tomar la forma de un documento de Google para compartir con quienquiera que me vaya, y sí, acaba teniendo síntomas parecidos a un programa. Las horas en que previsiblemente saldremos del hotel, cunado reservar la cena, cuánto tiempo tardaríamos andando de un monumento a otro o incluso localizar una estupenda heladería en el trayecto para hacer una parada el viernes a las 3:17h.

Antes de inscribirme en un curso de espontaneidad, debo confesar que rara vez sigo esta ‘lista’ al pie de la letra. Acabaré paseando por ahí, reconoceré un letrero de una calle que vi en mis búsquedas y recordaré que hay una interesante casa de té o museo cerca. En realidad, esta lista de dónde comer, alojarse o ir es simplemente el lugar en que recojo las partes de un puzzle que voy montando a medida que avanzo. Mis propias recomendaciones personalizadas que recopilo al tiempo que me emociono pensando en el viaje. Todo inspirado en el álbum de Facebook que hojeé, el artículo de Lonely Planet que leí, o las fotos que recreé en Instagram; recomendaciones de TripAdvisor, blogs de comida local, la reseña de hotel que me llamó la atención por la interesante historia del edificio. Mientras estaba esperando el metro para ir al trabajo, me imaginaba qué estaría haciendo dentro de unos cuantos días y, a través de mi teléfono, he ido investigando, construyendo la experiencia que querría vivir. Se podría decir que es una afición específica de los millennials. En realidad es la misma fantasía que todos hemos tenido en un momento u otro. Sin embargo, ahora con el auge de las redes sociales y la mejora de la fotografía digital, podemos profundizar en ese sentimiento de “Wish You Were Here”, y es algo que los profesionales del marketing de viajes están empezando a explotar en serio.

“Yo soy el héroe de este cuento”

Estudios recientes han señalado que el 80% de las personas confían en la opinión de amigos y familiares a la hora de planificar unas vacaciones. La encuesta descubrió que la gente era menos propensa a utilizar sitios como TripAdvisor, Facebook o Twitter como principales fuentes de recomendación. Este tipo de estadísticas refuerzan lo que estamos viendo en la mayoría de las industrias/sectores: las recomendaciones y las referencias se están convirtiendo en los influenciadores principales de las compras. Sin embargo, los resultados o las tendencias no sugieren que el alcance de las redes sociales se deba ignorar al promocionar o compartir un mensaje. Pero lo que transmite ese mensaje que envías es importante. Parte del trabajo que hacemos en Motivait es reintroducir toques personales o centrarse en el usuario cuando creamos procesos y experiencias. Nuestras soluciones se basan en la investigación de UX y UI para garantizar que diseñemos algo que enciende esos motivadores emocionales e intrínsecos. ¿Por qué las personas están influenciadas por el álbum de sus mejores amigos de sus #amazingadventure? Porque cuando ven a una persona con quien se relacionan personalmente disfrutando de una experiencia, se imaginan disfrutando de ella también.

Los viajeros, hoy más que nunca, pueden implicarse en las historias y experiencias del lugar de sus posibles vacaciones antes de haber reservado nada. Aunque el turismo se ha considerado a menudo una industria estable e invariable -la gente siempre va a querer unas vacaciones- las plataformas digitales de hoy ofrecen una oportunidad para que las organizaciones y organismos nacionales activen sus músculos creativos. La gente todavía quiere unas vacaciones. Pero ahora también pueden imaginar y personalizar la experiencia que podrían tener, y disfrutar ante la posibilidad de verse como el protagonista de esa historia o experiencia.

Mejor aún, los organismos de viajes y turismo pueden ofrecer experiencias que conectan con audiencias con las que pueden haber perdido contacto. Los museos o galerías que alguna vez pudieron ser vistas como aburridas por las generaciones más jóvenes, podrían presentar una historia o un camino a seguir que enciende al explorador que tienen a dentro. ¿Podría una ciudad famosa por sus platos de cordero ofrecer una ruta en la que el viajero vegetariano todavía pueda también ir dándole un 10/10 a la gastronomía? El potencial de conectarse con su audiencia puede ser ilimitado; siempre y cuando recuerdes ponerlos en el corazón del destino.

El onboarding no es nada nuevo. Si ha trabajado en una mediana o gran empresa, probablemente haya pasado por este proceso, pero quizá se lo denominaba inducción. Para muchos, son algunos días de rompehielos y diapositivas PowerPoint que explican la compañía con detalle, los departamentos importantes y otra información necesaria para empezar.

Si usted es jugador, lo conocerá como el nivel tutorial al principio del juego.

En ambos casos, el objetivo final es el mismo, lograr que una nueva persona sea productiva de la forma más eficiente y efectiva posible.

La gran diferencia está en los mecanismos de entrega utilizados.

Las Primeras Impresiones Cuentan

El primer contacto de un empleado con la empresa “real” se produce durante su incorporación. Es la primera exposición a las personas con las que va a trabajar, a la verdadera cultura corporativa y a algunos de los aspectos más prácticos de su nueva vida cotidiana. Pero también es la primera oportunidad de la compañía para hacer que se sienta como en casa y como un valioso nuevo miembro del equipo. Por supuesto que ellos saben cosas sobre la empresa, habrían tenido entrevistas, hecho investigaciones, habrán pasado por centros de evaluación, pero esto es diferente. Es un momento en el que una compañía puede hacerse la pregunta: ¿qué queremos que piensen nuestros empleados de nosotros? Si desea que la consideren una empresa movida por la cultura del “PowerPoint a muerte”, podría ser mejor dejar de leer ahora.

El onboarding no se detiene en los primeros días después de la inducción, como muchos pueden creer. Un estudio para la revista Academy of Management journal reveló que los primeros 90 días del nuevo trabajo de una persona son fundamentales para crear conexiones y vínculos sociales con la compañía. Si se sintieron apoyados durante este tiempo, entonces su visión hacia ella es más positiva.

Qué Hace una Buena Experiencia de Onboarding

Baek y Bramwell, de la Universidad de Cornell, realizaron una investigación sobre cómo medir la eficacia del of onboarding. Llegaron a la conclusión de que una de las medidas más eficaces era el tiempo de competencia, que definieron como el tiempo que tarda una nueva contratación en alcanzar la productividad total en el contexto de su función.

Para que esto suceda, un nuevo empleado necesita tener una experiencia de onboarding estructurada, con resultados específicamente definidos, y que le comprometa con ellos. Al final de su incorporación, los empleados deben haber alcanzado cuatro objetivos claros para tener la mejor oportunidad de éxito continuo  (Bauer et al):

  1. Rol claro: los empleados entienden su rol, las expectativas con él, cómo actuar para lograr los resultados esperados.
  2. Autoeficacia: los empleados se sienten seguros de su capacidad para ser competitivos y contribuir.
  3. Integración social: los empleados se sienten conectados, valorados y que son de confianza.
  4. Conocimiento de la cultura corporativa: empleados que entienden y se ajustan a la política de la empresa y las normas sociales como el lenguaje, los objetivos, los valores y la historia.

Cómo Abordamos el Onboarding

Bill Paris, experto en RRHH y Soluciones de Employee Engagement de Motivait, tiene la firme creencia de que la incorporación a una nueva compañía empieza el día en que un nuevo empleado firma en la línea de puntos. El tiempo antes de pisar las dependencias de la empresa es apropiado para ayudarles a empezar a entender algunos de los conceptos básicos sobre su nuevo empleador. Mucho de lo que tradicionalmente se haría en una sala de reuniones durante unos días, se puede conseguir online en las semanas que están esperando antes de comenzar el nuevo rol.

Los juegos y la gamificación ya se están utilizando en las fases de contratación, con juegos que se crean para simular todo tipo de cosas, desde un día en la vida de un nuevo empleado hasta un testeo de sus habilidades afectivas.

Siguiendo esa tendencia podemos hacer uso de la gamificación para crear experiencias únicas y atractivas que les mantengan informados e interesados hasta y durante sus primeros meses de trabajo.

Crear este tipo de experiencias requiere tiempo y maestría, equilibrando las necesidades y la cultura de la empresa con las necesidades del nuevo empleado.

Consideramos estas semanas y meses como una misión, creando una estructura en torno a lo que necesitan aprender y comprender desde el principio. Cada etapa o nivel de la misión representa nuevos conocimientos y experiencias que les ayudarán a aprender. Al centrarnos en la motivación intrínseca, elegimos mecánicas que respalden la conexión social, la educación y los objetivos de los jugadores, todo en un entorno que promueve la exploración y el descubrimiento a su propio ritmo. A esto le agregamos minijuegos y materiales interactivos de aprendizaje, todo cohesionado con narrativas e historias interesantes. Esto les da a los jugadores razones para querer continuar en lugar de simplemente saber que tienen que continuar.

Un buen proceso de onboarding puede llevar a tasas más altas de retención Algunas estadísticas citan hasta un 69% más de retención después de 3 años en las empresas con excelentes programas. Le da a los empleados la oportunidad de sentirse como en casa y ser productivos más rápidamente. Confiando en métodos tradicionales o incluso estándar está desperdiciando una oportunidad clave de crear una fuerza de trabajo mucho más comprometida, simplemente porque “así se ha hecho siempre”.