Lo que la neuroeducación nos enseña

 

Aristóteles estaba en lo cierto al afirmar que cuando se enseña no hay que empezar por el principio sino por lo que más motiva.  Gracias a la neurociencia hemos podido corroborar esta idea. Es imprescindible que los niños y los adultos vivan una experiencia de aprendizaje emocionalmente positiva y sana.  

Sin duda, hemos de evitar situaciones negativas y de estrés, pues generarán bloqueo y frustración a los estudiantes; pero solo con eso no basta, debemos ir más allá y crear experiencias que, además de evitar los problemas, potencien la adquisición de conocimiento utilizando herramientas eficaces, como por ejemplo la ludificación (gamification). 

La ludificación es una nueva herramienta de aprendizaje que presenta grandes resultados ya que nos permite replantear la dinámica del aula, es decir, que el estudiante sea el protagonista; logrando así que el aprendizaje sea más autónomo, autorregulado, en definitiva, que responda a su interés. Además, permite que la experiencia se desarrolle en un contexto emocional positivo. 

Gracias a ello, los resultados de las experiencias educativas ludificadas que diseñamos muestran un aumento de la atención, una mayor asignación de valor al concepto atendido, una potenciación del aprendizaje y un aumento de los mecanismos de plasticidad cerebral; lo que se traduce en un mejor recuerdo de los conocimientos. 

Así mismo, el juego, y por ende la ludificación, es considerado un mecanismo neural natural que despierta la curiosidad, es placiente y permite descubrir nuevas habilidades útiles. Por ello, las experiencias educativas ludificadas que desarrollamos en Motivait se convierten en un potente fertilizante que enriquece las funciones ejecutivas cerebrales y la cognición social.  

Específicamente, cuando los estudiantes aprenden con nuestras experiencias educativas ludificadas se produce en sus cerebros, por un lado, un aumento de la liberación de dopamina en los núcleos estriados del cerebro; lo que aumenta el bienestar, la autoestima, la curiosidad, la motivación por aprender; y por otro lado, una facilitación de la transmisión de información entre el hipocampo y la corteza prefrontal, la cual, participa en la atención, la memoria de trabajo, las funciones ejecutivas y la plasticidad cerebral; facilitando y potenciando la adquisición de nuevos conocimientos.