El engagement como elemento clave

 

Las ciudades están cambiando a un ritmo vertiginoso y con ellas el rol de sus habitantes. Hoy más que nunca, el éxito de las campañas dirigidas a la ciudadanía depende de la participación proactiva de los ciudadanos.

Las soluciones de engagement en este sector aseguran la participación proactiva porque, a través del juego, motivan a las personas a realizar comportamientos positivos, como, por ejemplo, incorporar a su día a día hábitos saludables, reciclar o llevar a cabo acciones sociales que mejoran el municipio y la vida de sus vecinos.

Por ejemplo, si el objetivo es lograr una ciudad más eficiente energéticamente, podemos fomentar que los ciudadanos realicen más acciones de ahorro energético incorporando una narrativa fantástica virtual, con una estética de videojuego de edificación, que envuelva y enlace las diferentes acciones de eficiencia energética.

El juego emularía una ciudad que necesita con urgencia ahorrar más energía para transformarse en una ciudad más sostenible y moderna, y la misión de los participantes sería llevar a cabo dicha transformación con el objetivo de transformar colectivamente la ciudad virtual, siendo el juego un símil del cambio real de su propia ciudad.

Concretamente, el grado de transformación de cada ciudad virtual dependería del número de acciones que llevasen a cabo los ciudadanos.

Dichos elementos narrativos juegan un papel fundamental porque potencian las emociones positivas de los usuarios, lo que permite que vivan una experiencia memorable. Estos elementos de juego narrativos junto a los múltiples dinamizadores (como galas y concursos, sorpresas y otros eventos especiales…) generan emociones muy positivas que se asocian a los comportamientos deseados (no muy divertidos per se). Gracias a ello, se logran resultados significativamente mejores, aumenta la frecuencia de sus conductas y la constancia de dichos comportamientos a medio y largo plazo.

Complementariamente, la misión y los múltiples retos asociados aseguran que los usuarios obtengan un gran reconocimiento por sus acciones y por su progreso. Por ejemplo, los participantes más proactivos recibirían condecoraciones especiales como poner su nombre a un árbol de la ciudad. Además, como reconocimiento grupal, podrían conseguir el galardón anual si mejoran los datos de participación con respecto a la edición anterior.

La estructura de retos también asegura la autonomía de los participantes al permitirles crear su propia historia de juego.  En nuestro ejemplo, los ciudadanos podrían personalizar su parcela de la ciudad virtual, construyéndola como quisiesen. Obtendrían dinero virtual superando diferentes retos relativos a realizar: acciones de formación (como juegos de encontrar las diferencias donde el jugador ha de localizar todos los elementos que están provocando un alto consumo de energía); acciones de concienciación (por ejemplo, compartiendo sus trucos y consejos con la comunidad), y compartiendo en las redes sociales sus logros durante la experiencia. Cuanto más participasen en el juego más número de parcelas conseguirían. Así mismo, los ciudadanos que quisieran podrían mostrar públicamente sus parcelas y recibir visitas virtuales y valoraciones positivas (“likes”).

Gracias a todo ello, potenciamos en la ciudadanía una mayor percepción de competencia y eficacia, facilitando de este modo, el empoderamiento de todos los participantes.

En conclusión, tanto si se trata de un pueblo pequeño o una gran ciudad, lograr ciudadanos comprometidos (“engaged”) es vital para alcanzar los objetivos deseados que transformarán el municipio y la comunidad.